SYN Synthesis, vol. 33, núm. 1, e171, febrero - julio 2026 ISSN 1851-779X
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Estudios Helénicos (CEH)

Artículos

El uso del arte de medir y la justa medida en el Político

Matías Ezequiel Kogel
Universidad Nacional del Litoral / CONICET, Argentina
Cita sugerida: Kogel, M. E. (2026). El uso del arte de medir y la justa medida en el Político. Synthesis, 33(1), e171. https://doi.org/10.24215/1851779Xe171

Resumen: El presente artículo analiza la función del arte de medir y la justa medida en el Político. La caracterización del arte de medir aparece en Político 283b1-287b3, donde el Extranjero justifica la aparente extensión de su discurso. Ahora bien, aun cuando el arte de la medida sea una herramienta dialéctica, su uso o aplicación por parte de Platón no es tan explícito en el Político como lo es el uso de la división dicotómica, el mito y el paradigma. Ciertamente, la caracterización del arte de medir y la justa medida ocupa un lugar en el diálogo (Plt. 283b1-287b3), pero su uso puede haber estado implícito desde el comienzo del discurso determinando los métodos de explicación (división dicotómica, mito y paradigma) más adecuados para alcanzar la definición del político. De acuerdo con esto, entonces, argumentamos que el uso de la división dicotómica, el mito y el paradigma en el discurso del Extranjero son utilizados en función de una justa medida. En otras palabras, buscamos determinar si el discurso del personaje del Extranjero es elaborado teniendo en cuenta el arte de la medida, lo que permitiría comprender su rol en la construcción metodológica del diálogo.

Palabras clave: Método, Arte de medir, Justa medida, Platón, Político

The Use of the Art of Measurement and the Just Measure in the Statesman

Abstract: This article analyzes the role of the art of measurement and the right measure in the Statesman. The characterization of the art of measurement appears in Statesman 283b1-287b3, where the Stranger justifies the apparent length of his discourse. While the art of measurement is a dialectical tool, its use or application by Plato is not as explicit in the Statesman as the use of division, myth, and paradigm. Certainly, the characterization of the art of measurement and the right measure has a place in the dialogue (Plt. 283b1-287b3), but its use may have been implicit from the beginning, shaping the explanatory methods (division, myth, and paradigm) best suited to defining the statesman. Accordingly, we argue that the Stranger’s use of division, myth, and paradigm is guided by the right measure. In other words, we seek to determine whether the Stranger’s discourse is crafted with the art of measurement in mind, which would help to understand its role in the methodological construction of the dialogue.

Keywords: Method, Art of Measurement, Just Measure, Plato, Statesman

1. Introducción

En el Político Platón se propone encontrar la definición del arte de la política que, tras sucesivas aproximaciones y correcciones, es definida finalmente como un tejido (cf. Plt. 311b7-c6).1 Si bien parece ser este el objetivo general del diálogo es cierto también que el tema sobre la política está entrelazado con cuestiones de orden ontológico, cosmológico y metodológico. En esta oportunidad nos interesa detenernos en los aspectos metodológicos del Político y, particularmente, queremos indagar cuál es la función metodológica que tiene en el mismo el arte de medir y la justa medida.

La caracterización del arte de medir se encuentra en Político 283b1-287b3 y el tema es introducido por el Extranjero porque considera necesario justificar por qué ha estado “dando tantas vueltas y haciendo tal cantidad de fútiles distinciones [durante su conversación con el Joven Sócrates]” (cf. Plt. 283b). En tal sentido, a juicio del propio Extranjero, su discurso podría dar la impresión de que se ha extendido demasiado (cf. Plt. 283b6-7). Sin embargo, para poder elogiar o censurar con fundamento (κατὰ λόγον) cuándo una exposición es excesivamente extensa o, por el contrario, excesivamente breve, es necesario saber en qué consiste el exceso y el defecto en general y cuál es el criterio para determinar si algo tiene o no una debida extensión (cf. Plt. 283c3-6).

Ahora bien, aun cuando el arte de la medida sea una herramienta dialéctica, su uso o aplicación por parte de Platón no es tan explícito en el Político como lo es el uso de la división dicotómica, el mito y el paradigma. Ciertamente, como dijimos, la caracterización del arte de medir y la justa medida ocupa un lugar en el diálogo (cf. Plt. 283b1-287b3), pero su uso puede haber estado implícito desde el comienzo del discurso determinando los métodos de explicación (división dicotómica, mito y paradigma) más adecuados para alcanzar la definición del político. En efecto, la función metodológica del arte de medir consiste justamente en que es útil para elegir los métodos de explicación apropiados “para conducir al conocimiento a quienes aún no lo tienen, ayudándoles a encontrarlo por sí mismo” (Santa Cruz, 1995, p. 191).2 Recordemos que el fin último de la investigación en el Político es hacernos más hábiles dialécticos en todo tipo de cuestiones (cf. Plt. 285d).

De acuerdo con esto, entonces, creemos que el uso de la división dicotómica, el mito y el paradigma en el discurso del Extranjero son utilizados en función de una justa medida y dado que el arte de medir se divide en dos partes, nos referimos en particular a la segunda parte, porque es la que tiene que ver con la prâxis humana, y no solo la política estaría dentro de esto, sino también el arte de los discursos. En otras palabras, queremos saber si el discurso del personaje del Extranjero es elaborado teniendo en cuenta el arte de la medida.

Para cumplir con nuestros objetivos, el presente artículo se organiza del siguiente modo. En la sección 2, nos ocuparemos de la caracterización del arte de medir y la justa medida en Político 283b1-287b3. En la sección 3, compuesta por tres subsecciones, nos ocuparemos de mostrar el uso de la misma en el Político, mediante el análisis del uso del método de la división (3.1.), el mito (3.2.) y el paradigma (3.3.). Finalmente, en la sección 4 presentaremos nuestras consideraciones finales.

2. El arte de medir y la justa medida (Político 283b1-287b3)

Antes de abordar el tema sobre el arte de medir, el personaje principal del Político, el Extranjero de Elea, ha dado algunos pasos previamente. Para comenzar, ha usado el método de la división dicotómica que termina definiendo al político como pastor del rebaño humano (cf. Plt. 259d7-268d4). Luego, el Extranjero introduce un mito sobre la reversión periódica del universo para corregir la definición del político alcanzada anteriormente, debido a que ha resultado insuficiente (cf. Plt. 268d5-277c6). Ahora, si bien el mito corrige un punto de la división anterior, el mismo no logra caracterizar la forma de actuar del político y tampoco indica qué procedimiento podría ayudar a aislar al político. Esa deficiencia, entonces, lleva al Extranjero a discutir los paradigmas o modelos (παραδείγματα) y cómo se supone que deben operar. Una vez aclarado esto, el Extranjero toma el arte de tejer como un paradigma del arte político (cf. Plt. 277c7-283a9). Así, entonces, el Extranjero va en busca de la definición del arte de tejer, definición que, cabe destacar, resultó ser demasiado exhaustiva. Este detalle no es menor, porque es justamente esto lo que da lugar al tema del arte de medir y la justa medida, que lejos de ser una mera digresión, ocupa su lugar central en la discusión que se está llevando adelante en el Político.

El Extranjero, luego de haber llegado a la definición del arte de tejer, le pregunta a su interlocutor, el Joven Sócrates, por qué han estado dando tantas vueltas y haciendo tal cantidad de fútiles distinciones en lugar de responder de entrada que el arte de tejer es el arte de entrelazar la trama y la urdimbre (cf. Plt. 283b1-3). En otras palabras, se pregunta por qué fue necesario hacer tantas aclaraciones y distinciones y no ir más rápido a la definición del arte de tejer. En tal sentido, a juicio del propio Extranjero, su discurso podría dar la impresión de que se ha extendido demasiado (cf. Plt. 283b6-7).

Particularmente, el Extranjero podría ser criticado por la excesiva extensión del mito (cf. Plt. 268d5-277c6) y por la prolijidad y extensa división para dar con la definición del arte de tejer (cf. Plt. 278e4-283a9). Sin embargo, para poder elogiar (ἐπαινῶμεν) o censurar (ψέγωμεν) con fundamento (κατὰ λόγον) cuándo una exposición es excesivamente extensa o, por el contrario, excesivamente breve, es necesario saber en qué consisten el exceso (ὑπερβολὴν) y el defecto (ἔλλειψιν) en general y cuál es el criterio para determinar si algo tiene o no una debida extensión (cf. Plt. 283c3-6). En este sentido, juzgar cuándo hay que elogiar o censurar la extensión mayor o menor de lo debido (283c5: τοῦ δέοντος) en los discursos no es una cuestión que sea fácil de determinar, y por esta razón es necesario en esta sección del diálogo hablar sobre el arte de la medida y la justa medida (cf. Plt. 283b1-287b3).

Así, el Extranjero explicará que el arte de medir o μετρητικὴ es el arte que se ocupa sobre la extensión y la brevedad, y sobre el exceso y el defecto en general (cf. Plt. 283c11-d2).3 Inmediatamente se afirma que el arte de la medida es doble: “una parte se refiere a la recíproca relación entre grandeza y pequeñez; otra, a aquella realidad que es necesaria a toda producción” (τὸ μὲν κατὰ τὴν πρὸς ἄλληλα μεγέθους καὶ σμικρότητος κοινωνίαν, τὸ δὲ [τὸ] κατὰ τὴν τῆς γενέσεως ἀναγκαίαν οὐσίαν, Plt. 283d7-9). Como se explica a continuación, la primera parte tiene que ver con la relación mutua entre contrarios (ej.: grande-pequeño; pequeño-grande), y la segunda parte se refiere a la relación de ambos contrarios con el justo medio (τοῦ μετρίου) (cf. Plt. 283d10-e6).

Como explica Santa Cruz (cf. 1988, p. 560, n. 72), el primer tipo de arte de medir es aquel que mide teniendo en cuenta la relación de lo que ha de medirse con su opuesto y el segundo tipo es aquel que mide teniendo en cuenta la relación de lo que ha de medirse, no con su opuesto, sino con un patrón absoluto, esto es, el justo medio, que es justamente lo que posibilita toda producción y todo arte. En efecto, es necesario que se admita este segundo tipo de arte de medir porque si solo se concede la relación mutua entre contrarios, estos jamás estarán en relación con el justo medio, y si el justo medio no existe, esto implicaría la destrucción de las artes mismas, así como también la totalidad de sus productos.

Por ello, todas las artes (cf. Plt. 284a5: τὰς τέχνας), tales como el arte de la política (cf. Plt. 284a7: πολιτικὴν; 284c2: πολιτικὸν), el arte de tejer (cf. Plt. 284a7: ὑφαντικὴν), el arte de los discursos (cf. Plt. 283e4: ἐν λόγοις), entre otras de este tipo (cf. Plt. 284a8: αἱ τοιαῦταί), procuran alcanzar el justo medio y evitar los extremos. En consonancia con esto, el Extranjero afirma:

En efecto, las artes de tal tipo, todas sin excepción, se cuidan bien de no caer en el más o en el menos del justo medio (τοῦ μετρίου), y los consideran [al más y al menos del justo medio] no como algo inexistente, sino como algo peligroso en lo que a sus actividades se refiere; y precisamente de ese modo, cuando preservan la medida (τὸ μέτρον), logran que sus obras sean todas bellas y buenas (ἀγαθὰ καὶ καλὰ). (Plt. 284a8-b2, trad. de M. I. Santa Cruz) (cf. Plt. 283e8-284b6).

En tal sentido, para que exista y sea posible la política y todas las demás artes de este tipo, esto es, las que pertenecen al dominio de la prâxis humana (cf. Plt. 284c2: περὶ τὰς πράξεις), hay que admitir necesariamente que el justo medio existe. Esto último el Extranjero lo expresa de la siguiente manera:

Entonces, así como en nuestro examen del sofista nos vimos forzados (προσηναγκάσαμεν; cf. Sph. 260a3: προσηναγκάζομεν) a admitir que lo que no es es, puesto que en eso nos hizo refugiarnos el razonamiento (διέφυγεν ἡμᾶς ὁ λόγος; cf. Phd. 99e 5: τοὺς λόγους καταφυγόντα), ¿así también ahora (νῦν) nos veremos forzados (προσαναγκαστέον) a admitir que el más y el menos son mensurables, no solo en su relación recíproca, sino también en relación con la realización del justo medio (τοῦ μετρίου)? Porque, si eso no se admite, no será posible sostener, sin lugar a dudas, que exista el político ni ningún otro individuo de los que poseen una ciencia relativa a las acciones. (Plt. 284b7-c3, trad. de M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Queda claro, entonces, que, si se niega la relación del más y del menos con el justo medio se cierra la posibilidad de seguir indagando la ciencia política, pero también la de seguir indagando sobre todo tipo de arte relativa a las acciones humanas.

Por esta razón, al igual que en el Sofista se hizo necesario demostrar que el no ser es de algún modo, para así poder hablar de imágenes y discursos falsos, y en consecuencia, poder definir al sofista, aquí, en el Político, es necesario admitir en definitiva el segundo tipo de μετρητικὴ que, como afirma Santa Cruz (2009, p. 89), “no se trata de una relación mutua entre contrarios, sino de una relación con una medida respecto de la cual las cosas pueden ser superiores o inferiores” (cf. Plt. 284d).

Una vez admitida, entonces, la existencia del justo medio, el Extranjero afirma que dentro de la primera sección del arte de medir hay que ubicar “a todas aquellas artes que miden en relación con sus opuestos un número, una longitud, una profundidad, un ancho, una velocidad” (Plt. 284e 3-5). Estas artes, o más precisamente ciencias, serían la aritmética, la geometría y la astronomía (cf. Santa Cruz, 2009, p. 88). En cambio, dentro de la segunda sección se encontrarían todas aquellas artes “que miden en relación con el justo medio (τὸ μέτριον), es decir, lo conveniente (τὸ πρέπον), lo oportuno (τὸν καιρὸν), lo debido (τὸ δέον) y, en general, todo aquello que se halla situado en el medio (τὸ μέσον), alejado de los extremos” (Plt. 284e5-8). Estas artes serían, como dijimos, la política, el arte de tejer, el arte de los discursos, entre otras. En efecto, como se dirá más adelante, “de la medida participa, en cierto modo, todo cuanto pertenece al dominio del arte” (Plt. 285a3-4).

Por otra parte, la especificación que se hace del justo medio es importante porque cuando atendemos a él nos estamos refiriendo a lo que es conveniente, oportuno o debido. Y, como aclara Santa Cruz (2009, p. 88), estas nociones que especifican aquello en lo que consiste el justo medio “deben ser tales siempre para alguien, para algo, en vistas de un fin determinado y en circunstancias precisas”.

Por esta razón, se entiende que este segundo tipo de arte de medir pertenece al orden de la cualidad, mientras que el primero al orden de la cantidad. En el orden de las acciones humanas, entonces, no se puede pretender ningún tipo de exactitud matemática, sino que las mismas deben ser evaluadas atendiendo al justo medio, esto es, según sean convenientes, oportunas o debidas (cf. Santa Cruz, 2009, p. 89). Por eso, nos parece importante prestar atención al uso del adverbio de tiempo νῦν como una marca textual que da cuenta de esos momentos oportunos o circunstancias precisas para realizar determinada acción (como por ejemplo admitir la existencia del justo medio para poder avanzar en la conversación, tal como se observa en el segundo pasaje citado (cf. Plt. 284b7-c3)).

Como hemos notado, el discurso sobre el arte de medir y la justa medida surgió porque el Extranjero tenía conciencia de que su discurso estaba extendiéndose y que eso producía cierto tedio o cansancio. Así lo confirma el siguiente pasaje en el cual el Extranjero afirma:

Sobre todo, el tedio (δυσχερείας) que nos causaron la larga exposición (μακρολογίαν) sobre el arte de tejer –que fue bastante pesada (δυσχερῶς)–, esa otra sobre la retrogradación del universo y también aquélla –a propósito del sofista– sobre la existencia del no ser; porque teníamos conciencia (ἐννοοῦντες) de que su extensión era excesiva y en todos esos casos nos reconvinimos por temor de haber estado haciendo afirmaciones superfluas y, para colmo de males, demasiado extensas. Así pues, a fin de que en lo sucesivo no nos ocurra nada semejante, di que fue éste el motivo por el cual expusimos todo lo anterior” (Plt. 286b7-c3, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Sin embargo, como se ha argumentado, el punto está en que la censura o el encomio tanto de la brevedad como de la extensión debe juzgarse teniendo en cuenta esa parte del arte de medir que tiene que ver con lo que es conveniente (cf. Plt. 286d2: τὸ πρέπον) (cf. Plt. 286c-d).

Ahora bien, ¿cómo determinar lo que es conveniente? En el presente caso, donde se está buscando la definición del político, el Extranjero afirma que “el hecho de poder descubrirlo del modo más fácil y breve es algo que la razón nos aconseja tener como cosa secundaria y no principal” (Plt. 286d7-8). Es decir, la indagación sobre el político y por tanto todo el discurso construido para esta ocasión no debe basarse en vistas de la comodidad o el placer de quien habla o de quien escucha (o lee, como en nuestro caso) porque, como se dijo unas líneas antes, el fin último de esta investigación es hacernos más hábiles dialécticos en todo tipo de cuestiones (cf. Plt. 285d). Y, en tal sentido, aunque el discurso del Extranjero haya sido largo, hay que evaluarlo o juzgarlo según cumpla o no con dicho objetivo. Por eso, en lugar de determinarse la conveniencia según la comodidad o el placer (cf. Plt. 286d 4-6), la misma debe determinarse por la razón; y la razón, afirma el Extranjero, nos aconseja:

(…) [i] estimar mucho más y ante todo al método mismo que nos permite dividir por especies; asimismo, [ii] cultivar también aquel discurso que, aunque larguísimo, vuelve a quien lo escucha más inventivo, y [iii] no afligirse en lo más mínimo por su longitud, como tampoco si fuese más breve. (Plt. 286d8-e3, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Ahora, en el caso de que haya alguien que censure la extensión de los discursos y no admita las digresiones en círculo, debemos exigirle que demuestre que “si los discursos hubieran sido más breves, hubieran vuelto a los participantes en la conversación más hábiles dialécticos y más capaces para descubrir con la razón la verdad de las cosas” (Plt. 287a1-4). De lo contrario, si no es capaz de ello, parece indicar el Extranjero que no hay que hacerle caso alguno. En este sentido, la longitud o brevedad de un discurso no depende tanto del tema que se está investigando, sino fundamentalmente de que nos ayude a ser más hábiles dialécticos y a descubrir con la razón la verdad de las cosas.

3. El uso del arte de medir y la justa medida en el Político

Una vez presentada y comentada la explicación sobre el arte de medir y la justa medida en la primera sección de este trabajo, en esta segunda parte pretendemos mostrar el uso o aplicación de la misma en el Político, mediante el análisis del uso del método de la división, el mito y el paradigma. En efecto, queremos saber si el discurso del personaje del Extranjero es elaborado teniendo en cuenta el arte de la medida.

3.1. El arte de medir y la división inicial del político (259d7-268d4)

En las primeras etapas de su discurso, el Extranjero de Elea comienza utilizando el método de la división con el objetivo de alcanzar la definición del político (cf. Plt. 259d7-268d4). Así, el Extranjero inicia la división distinguiendo el conjunto de las ciencias (ἐπιστήμας) en ciencia práctica (πρακτικὴν) y ciencia cognoscitiva (γνωστικήν) (cf. Plt. 258e 4-5). El Extranjero pretende encontrar al político dentro de esta última, que se divide en arte directivo y arte crítico. Luego se deja de lado al arte crítico y se divide el arte directivo en aquellos que transmiten directivas dadas por otros (como los heraldos) y en aquellos que dan directivas por sí mismos (como los reyes). El género de los primeros carece de nombre y al de los segundos le corresponde el nombre de “arte autodirectiva”. Ahora se hace una nueva división del “arte autodirectiva” en producción de cosas inanimadas y producción de seres animados (cf. Plt. 261b-c). Esta última es dividida a su vez en la crianza individual y en la crianza rebañega o colectiva (cf. Plt. 261d-e). Dentro de esta última rama el Extranjero ubica al político, dado que se asemeja a un pastor de caballos o de bueyes (cf. Plt. 261d3-e 4).

Luego de esto, el Extranjero le pide al Joven Sócrates que divida el arte de criar rebaños en dos partes. El Joven Sócrates responde que se puede dividir la parte “crianza de rebaños” en crianza de hombres y crianza de bestias (cf. Plt. 262a3-4). Según el Extranjero, esta última división no funcionará debido a que, por un lado, se debe evitar “aislar una pequeña porción de un conjunto, contraponiéndola a todas las demás, […] sin que ella constituya una especie” (Plt. 262a8-b1), y, por otro lado, “parte y especie deben tomarse conjuntamente” (Plt. 262b1-2). Para ello, “mucho más seguro es ir cortando por mitades, ya que de ese modo tendremos mayor posibilidad de toparnos con caracteres específicos” (Plt. 262b6-7).

Ahora bien, esta primera explicación del Extranjero no es comprendida por el Joven Sócrates quien no sabe todavía cuál es el error que ha cometido en la división. Por esta razón, el Extranjero propone una segunda explicación proponiendo dos ejemplos de división similares a la división del Joven Sócrates. En primer lugar, la de aquellos que dividen a la raza humana en “griegos” y “bárbaros” y, en segundo lugar, la de aquellos que dividen al número en “diez mil” y “número diferente de diez mil” (cf. Plt. 262c10-e3). Estos dos primeros ejemplos de divisiones propuestas no constituyen divisiones por especies y por mitades sino de divisiones por partes (μέρος), porque “se toma arbitrariamente una fracción para oponerla a todo lo demás en bloque, reunido bajo una misma denominación” (Marcos, 1995, p. 156). Luego, en cambio, se menciona que la división debe hacerse por especies y en dos, proponiéndose dos ejemplos de división en las que se evitaría el error que cometió el Joven Sócrates. Así, en el caso del género humano, no deberíamos adelantarnos y dividirlo en griegos y bárbaros, sino en varón y mujer. Del mismo modo en el caso del número, es mejor establecer un corte entre par e impar (cf. Plt. 262e3-263a1) (cf. Ionescu, 2016, p. 84).4

En este momento el Joven Sócrates le pregunta al Extranjero “cómo podría saberse con toda certeza que género y parte […] difieren entre sí” (Plt. 263a2-4). A lo que el Extranjero le responde:

¡Ay, excelente amigo! ¡Menuda cosa la que me pides, Sócrates! ¡Ya estamos alejados más de la cuenta del tema que nos habíamos propuesto (ἡμεῖς μὲν καὶ νῦν μακροτέραν τοῦ δέοντος ἀπὸ τοῦ προτεθέντος λόγου πεπλανήμεθα), y tú me pides que nos alejemos aún más! Así que ahora —tal es razonable— demos marcha atrás (νῦν μὲν οὖν, ὥσπερ εἰκός, ἐπανίωμεν πάλιν). (Plt. 263a5-b1, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Más allá de esta lección de método que ha brindado el Extranjero, nos interesa destacar cómo en este pasaje citado ya se puede observar un uso implícito del arte de la medida. Recordemos que cuando nos referimos al justo medio, nos estamos refiriendo a lo que es conveniente, oportuno o debido y esto último —esto es, lo conveniente, oportuno o debido— es determinado por lo que la razón nos aconseja (cf. Plt. 286d-e). En Plt. 263a5-b1 se observa que el Extranjero es consciente de que su discurso ya se ha extendido más de la cuenta y que si acepta responder lo que le plantea el Joven Sócrates su discurso, se extenderá aún más. Por lo tanto, lo más razonable es dar marcha atrás. En este sentido, creemos que el arte de la medida está funcionando en la misma composición del discurso del Extranjero, sobre todo en cuanto a su longitud o brevedad.

Ahora bien, lo anterior no implica que a la luz del arte de la medida no podamos analizar también la corrección que le hace el Extranjero al Joven Sócrates sobre cómo hay que dividir. En efecto, notemos que el Extranjero le dice a su interlocutor que si bien es mejor (cf. Plt. 262b2: κάλλιστον) poner el objeto buscado directamente aparte de todos los demás, como parece haber pretendido el Joven Sócrates, esto puede hacerse “siempre y cuando sea correcto hacerlo” (Plt. 262b3: ἂν ὀρθῶς ἔχῃ). En este sentido, como destaca Ionescu (2016), el arte de medir nos ayuda también a determinar el ritmo correcto de las divisiones. Por eso, tanto si nos apresuramos como si nos demoramos, ya sea para discernir demasiadas diferencias o para combinar cosas que en realidad son diferentes entre sí, tendremos resultados igualmente inoportunos (cf. Ionescu, 2016, p. 88). De acuerdo con esto, entonces, si bien la intención del Joven Sócrates era correcta, pues sabía que el argumento debía concluir en los hombres, hizo una división apresurada, acortando camino, lo que conllevó a un resultado inoportuno (cf. Plt. 262b2-5).

Así, el Extranjero detiene al Joven Sócrates porque no da ninguna justificación para tal recorte y, por lo tanto, corre el riesgo no sólo de someter la división a sus propias opiniones sesgadas sino también de hacer pasar por una especie única (εἶδος) lo que es meramente una parte (μέρος) (cf. Ionescu, 2016, p. 84). Para evitar estos riesgos, entonces, en Político 285a4-b6 se especifica la necesidad de tomar medidas para determinar el ritmo adecuado para avanzar en la búsqueda (cf. Ionescu, 2016, p. 88). De hecho, en el mismo texto se puede observar este énfasis en “no adelantarse” y proceder antes de tiempo. Así lo expresa el Extranjero:

Pero, puesto que la gente no suele examinar las cosas dividiéndolas por especies, reúne inmediatamente en una unidad, por considerarlas similares, cosas que son muy diferentes y, por otra parte, a propósito de otras cosas hace todo lo contrario, cuando no las divide en sus partes. Lo que debe hacerse (δέον), por el contrario, una vez advertida la comunidad existente en una multiplicidad de cosas, es no darse por vencido antes de haber visto todas las diferencias que ella comparta, las diferencias, claro está, que constituyen las especies; también, por otra parte, cuando se hayan visto en una multitud de cosas las más diversas desemejanzas que hay en ellas, no habrá que ofuscarse antes de que, cercando dentro de una única semejanza los rasgos de parentesco, se las abarque en la esencia de algún género. (Plt. 285a4-b6, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Luego de esta digresión (ἀποπλανήσεως) de tipo metodológica, el Extranjero retoma la división que se estaba realizando y, en Plt. 263e, comienza por corregir un error, indicando que antes de la división en crianza individual y crianza rebañega se había pasado por alto la división del género animal en mansos y salvajes. Por supuesto, la ciencia política se encontraría dentro del ámbito de los animales mansos y precisamente debe buscarse en las crías rebañegas, como ya se dijo (cf. Plt. 263e-264a). Ahora, la crianza de rebaños se divide en crianza de animales acuáticos y en crianza de animales terrestres (cf. Plt. 264d). La crianza de animales terrestres a su vez se divide en volátiles y pedestres, y está claro que la política tiene que ver con el grupo pedestre (cf. Plt. 264d-e). Llegados a este punto de la búsqueda, el Extranjero afirma que se abren dos vías posibles, una más corta y la otra más larga.

El Joven Sócrates está interesado en que el Extranjero transite ambas rutas, lo que éste acepta, justificando que su aceptación se debe a que, como afirma:

(…) resta sólo una corta distancia por recorrer. Al principio, en cambio, y aun cuando estábamos a mitad de camino (μεσοῦσιν), lo que tú pides nos hubiera resultado difícil. Pero ahora (νῦν) –puesto que tal es tu parecer–, recorramos primero la más larga; dado que estamos más frescos, podremos, en efecto, transitarla con mayor facilidad”. (Plt. 265b2-5, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

En este pasaje, nuevamente, puede observarse un uso implícito del arte de la medida en relación con el propio discurso que está llevando adelante el Extranjero. Observemos en este caso que el Extranjero es consciente de que su discurso aparentemente está por terminarse y por esta razón considera que es “oportuno” el momento para recorrer ambas rutas.

Se recorren, entonces, ambas rutas y en las mismas es manifiesto que el político se presenta como alguien que brinda sus cuidados a una raza que no tiene cuernos, que no admite cruce con otra, que tiene dos pies y que no tiene plumas (265b-266e). Luego de esto, el Extranjero recapitula lo que ha hecho en Plt. 267a8-c3, mostrando cómo se llegaría a la definición del político, que al parecer del Joven Sócrates se la ha encontrado (cf. Plt. 267c4). Sin embargo, la definición del político alcanzada es incompleta debido a que “no alcanza a precisar con exactitud cuál es el rol propiamente reservado al político en el medio de sus competidores más lejanos y más cercanos (i.e. jueces, oradores y generales, también educadores, respecto de los cuales es más dificultoso diferenciarlo)” (Mié, 2020, p. 346).

Evidentemente, entonces, el modo en que se ha dividido no ha conducido a encontrar la esencia del político. Según Ionescu (2016), esto se debe a que las divisiones que ocurren en la primera parte (258a-267b) son bisectivas, proceden de forma independiente de cualquier estándar normativo en relación con el cual evaluar el valor de las especies divididas, y la longitud/brevedad de las dos rutas de división se evalúa comparándolas entre sí y no por referencia a algún estándar o norma externa (cf. Ionescu, 2016, p. 83).

Por su parte, según Santa Cruz (1995), durante la aplicación del método de la división el discurso del Extranjero se ajustó al aspecto matemático de la naturaleza del Joven Sócrates. En efecto, dado que se trata de un joven matemático y que aún no puede advertir qué partes resultantes de la división son especie, se le aconsejó respetar un criterio cuantitativo cuasi matemático (“dividir por especies y en dos”) (cf. Santa Cruz, 1995, p. 196). Sin embargo, este criterio parece que no condujo a encontrar la esencia del político.

Esta situación en la cual el modo en que se ha dividido no nos ha conducido a encontrar al político lleva al Extranjero a buscar una mejor estrategia que permita continuar con su discurso. Por esta razón, el Extranjero considera oportuno utilizar un recurso que se adapta a la naturaleza infantil del Joven Sócrates.

Pasemos ahora, entonces, a analizar el Mito sobre la reversión periódica del universo y veamos en qué medida este recurso es utilizado en función de una justa medida por el Extranjero.

3.2. El arte de medir y el mito sobre la reversión periódica del universo (268d5-277c6)

La sección del mito sobre la reversión periódica del universo y la posterior corrección de la definición inicial del político (cf. Plt. 268d5-277c6) constituye la segunda gran sección del Político.5

Desde el punto de vista de la construcción del discurso del propio Extranjero, el recurso al mito es necesario para poder continuar con el argumento y que éste no se eche a perder (cf. Plt. 268d2-3). En tal sentido, el Extranjero propone al Joven Sócrates que se dé marcha atrás y se tome otro punto de partida (cf. Plt. 268d5-6), incorporando en la conversación algo que es casi un juego (cf. Plt. 268d8-268e2). De acuerdo con Santa Cruz (1995), que el recurso al mito sea caracterizado como un juego es una observación importante debido a que, en primer lugar, el mito se ajusta a la situación, pues es necesario descansar después del largo ejercicio inicial de división, y, en segundo lugar, el uso del mito se ajusta a la naturaleza del Joven Sócrates que dada su edad no está tan lejos de los juegos infantiles (cf. Plt. 268e4-6). Esta investigadora también destaca que a través del mito, el Extranjero puede persuadir y alejar al Joven Sócrates del error de la concepción actual según la cual el político es un pastor (cf. Santa Cruz, 1995, p. 197). En este sentido, es necesario hacer mención del mito en este punto de la conversación: “ahora (νῦν) precisamente tenemos que hacer mención de él; porque, una vez referido, vendrá muy bien para poner en claro la naturaleza del rey” (Plt. 269c1-2, resaltado nuestro).

De un modo general, el mito consiste en que nuestro universo durante cierto tiempo es guiado por la divinidad, mientras que en otros momentos ella lo deja librado a sí mismo (cf. Plt. 269c; 270a-b). El primer caso se da en la denominada Edad de Cronos y el segundo caso en la llamada Edad de Zeus.6

En la Edad de Cronos, que es el período opuesto al nuestro, el Sol se mueve de Oeste a Este, cada ser vivo se vuelve progresivamente más joven (cf. Plt. 270d-271a), el hecho de procrearse unos de otros no existe porque la vida resurge de la tierra (cf. Plt. 271a-b), es una época en la que el dios rige la revolución circular, brindándole por entero sus cuidados a los seres humanos (cf. Plt. 271d), no hay ninguna criatura salvaje ni los animales se devoraban unos a otros (cf. Plt. 271e), no existe la guerra ni ningún tipo de discordia (cf. Plt. 271e), no hay regímenes políticos ni los hombres poseen mujeres ni hijos (cf. Plt. 271e-272a), los seres humanos de esta época poseen el alimento sin necesidad de cultivarlo y dado que el clima es perfecto no tienen necesidad de abrigos (cf. Plt. 272a).

Como es de esperar, las cosas en la Edad de Zeus suceden de manera totalmente contraria a la de Cronos. En efecto, los seres vivos comienzan a crecer y por tanto a envejecer (cf. Plt. 273e), en lugar de nacer de la tierra los seres vivos procrean mediante el apareamiento (cf. Plt. 274a), en lo que toca a los seres humanos, éstos se vuelven presa fácil de los animales salvajes y carecen de recursos y de artes (cf. Plt. 274b-c), el alimento espontáneo desaparece y no saben cómo procurárselo (cf. Plt. 274c). En virtud de todo esto, los seres humanos deben volverse autosuficientes y cuidarse a sí mismos (cf. Plt. 274d-e).

Ahora bien, ¿cuál es el fin de la exposición de este mito por parte de Platón? Principalmente que nos demos cuenta de los dos errores que se habían cometido al presentar al político en la primera división (cf. Plt. 274e). En relación con esto, el Extranjero destaca el primer error, que se trata del más serio y consiste en:

Que, cuando nos preguntamos por el rey y el político del ciclo actual y del modo presente de generación, hablamos del que correspondía al ciclo opuesto, pastor del rebaño humano de otrora y, por eso mismo, de un dios en lugar de un mortal y, en tal sentido, nos desviamos por completo de nuestra ruta (πάμπολυ παρηνέχθημεν). (Plt. 274e10-275a2, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Esta identificación del político con el pastoreo divino propio de la Época de Cronos ha llevado a una división errónea que “no ha conseguido separar al político de clases tales como campesinos, comerciantes, molineros y panaderos, médicos y entrenadores” (Guthrie, 1992, p. 197; cf. Plt. 275b-c). Ahora, más allá de esto, lo que queremos destacar es en qué medida lo que se afirma en Plt. 274e10-275a2 se podría relacionar con el arte de medir. A nuestro juicio, esta consciencia del Extranjero de cómo su discurso se ha desviado por completo de la ruta que se habían propuesto puede mostrar dicha relación. Además, es esta consciencia de que su discurso se ha desviado lo que lo lleva a dar marcha atrás (ἐπανέλθωμεν) (cf. Plt. 275c9) y a corregir los errores cometidos en la división inicial del político (cf. Plt. 275c-277a).

Luego de corregir tales errores, el Joven Sócrates cree, por segunda vez,7 que la presentación del político ha llegado a su fin (cf. Plt. 277a 1-2). No obstante, el Extranjero le responde:

¡Qué bueno sería eso, Sócrates! Pero no eres tú solo quien debe creer tal cosa, sino que yo debo compartir contigo tal parecer. Ahora bien, según yo lo pienso, al menos, aún no se nos muestra completo nuestro retrato del rey, sino que nos ha ocurrido lo que a los escultores que con el afán, a veces inoportuno (παρὰ καιρὸν ἐνίοτε), de agregar más y más detalles y con una amplitud mayor de la que convendría (τοῦ δέοντος), pierden su tiempo; también nosotros ahora, deseando presentar sin dilación y con gran estilo el error de nuestra explicación anterior, creyendo que convenía usar modelos magníficos en el caso del rey, después de haber alzado sobre nuestros hombros una prodigiosa mole, la del mito, nos vimos obligados a echar mano de una parte excesiva de él; en consecuencia, extendimos mucho la exposición y, con todo, no logramos poner término al mito (διὸ μακροτέραν τὴν ἀπόδειξιν πεποιήκαμεν καὶ πάντως τῷ μύθῳ τέλος οὐκ ἐπέθεμεν); por el contrario, nuestro discurso (ὁ λόγος ἡμῖν), simplemente como si fuera una pintura, parece tener un suficiente contorno exterior, pero, sin embargo, carece aún de la nitidez que le dan los tintes y la combinación de los colores. Claro está que más que con el dibujo y la actividad manual en general, es con palabras y argumentos con lo que conviene mostrar cualquier ser vivo a quienes están en condiciones de seguirlos; a los otros, en cambio, más vale hacérselos ver a través de obras manuales. (Plt. 277a3-c6, trad. M. I. Santa Cruz, resaltado nuestro).

Si bien el mito ha permitido mostrar cómo la figura del pastor no corresponde al político, todavía no ha logrado proporcionar una caracterización clara de la política. Pero lo que más nos interesa es destacar que en Plt. 277a3-c6 se puede observar cómo el Extranjero está teniendo en cuenta el arte de medir en la elaboración de su propio discurso. En efecto, hemos resaltado aquellos términos que dan cuenta de cómo el Extranjero reconoce que su discurso, al incorporar el mito, se ha extendido mucho más allá de lo debido (τοῦ δέοντος) y que esto de agregar más detalles de lo que convendría puede resultar inoportuno (παρὰ καιρὸν ἐνίοτε).

Otra manera de pensar la relación entre el arte de medir y el mito es la que propone Ionescu (2016). Esta investigadora comenta que la intención de Platón con el mito sería que nos animemos a encontrar el justo medio entre cada una de las edades, con el fin de encontrar el panorama adecuado para la práctica de la filosofía, lo que permitirá un paisaje más apropiado para la felicidad.8 En efecto, “lo ideal sería una especie de término medio entre ambos, tomando prestado el orden y el ocio de la era de Cronos y la responsabilidad y la autonomía de la era de Zeus” (Ionescu, 2016, p. 97). Pero, además, esta investigadora menciona que el mito proporciona el marco metafísico dentro del cual debe discernirse y utilizarse el arte de la medida para determinar cuándo nuestras divisiones y colecciones están en la justa medida y cuándo no. Es decir, dicho marco nos ayudará, a la hora de la división, a distinguir las uniones naturales de las artificiales (cf. Ionescu, 2016, pp. 97-99).

Hasta aquí llega nuestro análisis del mito y su relación con el arte de medir. Pasemos ahora al último apartado de este trabajo y veamos en qué medida el recurso al paradigma es utilizado en función de una justa medida por el Extranjero.

3.3. El arte de medir y el uso de un paradigma (277c7-283a9)

Luego de que el Extranjero comenta que con el mito no ha podido lograr una exposición completa del político (cf. Plt. 277a 3-c 6), viene la sección relacionada con el uso de un modelo o paradigma (παραδείγματα).

Para comenzar, hay que tener en cuenta, como indica Gill (2006), que en el Sofista y en el Político la noción de παραδείγματα no hace referencia a una Forma, sino que un “modelo” o “paradigma” implica un ejemplo mundano cuya definición es relevante para la definición de algún concepto más difícil que se está investigando. En el caso del Político se utilizará el paradigma del arte de tejer para comprender en qué consiste el arte de gobernar. Sin embargo, antes de esto, el Extranjero va a aclarar en qué consiste un paradigma y cómo utilizarlo correctamente, recurriendo al paradigma de los niños que aprenden a leer para explicar justamente lo que es un paradigma (cf. Plt. 277d1-278d6).

Una vez explicado en qué consiste un paradigma, se procede a buscar la definición del arte de tejer (tomado como paradigma del arte político) mediante el uso del método de la división, con la intención de hacer “un rápido recorrido por el camino más breve posible” (cf. Plt. 279c1-2). A nuestro juicio esta intención de recorrer el camino más corto posible nos hace pensar que el Extranjero está teniendo en cuenta nuevamente el arte de medir para la elaboración de su discurso.

Ahora, después de que se aplica el método de la división al arte de tejer por primera vez (cf. Plt. 279c-280a), el Extranjero observa que no se lo ha distinguido de las artes que cooperan con él (cf. Plt. 280a-281d). De este modo, para corregir esto es necesario “distinguir entre el arte de tejer propiamente dicho como causa primaria y las diversas causas cooperativas con las que el arte de tejer está estrechamente interrelacionado” (Ionescu, 2016, p. 90). Así, todas aquellas artes orientadas a la fabricación de lanzaderas y de todos los demás instrumentos que toman parte en la producción referente a la indumentaria se las identifica ahora como “concausas” (cf. Plt. 281e), mientras que todas aquellas artes que tienen que ver con la producción misma del vestido se las identifica como “causas” (cf. Plt. 282a). Una vez realizada esta distinción, el arte de tejer será buscado dentro del “arte de trabajar la lana” (y no dentro del “arte de batanar”) y dentro del “arte asociador” (y no dentro del “arte disociador”), concluyéndose así en la definición del arte de tejer que es el arte de entrelazar la trama y la urdimbre (cf. Plt. 282a-283b).

Ahora bien, ¿cuál sería el papel del arte de medir en esta sección del Político sobre el paradigma y su uso? Por nuestra parte, hemos encontrado un solo pasaje en el cual el Extranjero está teniendo en cuenta el arte de medir para la elaboración de discurso cuando expresa su intención de hacer un recorrido lo más corto posible en su búsqueda de la definición del arte de tejer (cf. Plt. 279c1-2). Sin embargo, sabemos que esto no fue así porque justamente la prolijidad y el extremo detalle para definir el arte de tejer y distinguirlo de las otras artes que le están emparentadas fueron el pretexto para hablar sobre el arte de medir y la justa medida.

No obstante, podemos hablar de otras relaciones entre el arte de medir y el uso de los paradigmas. Siguiendo a Ionescu (2016), el dialéctico necesita usar el arte de medir para determinar qué tipos de paradigmas usar dependiendo del objeto buscado y de la audiencia a la que se dirige. En tal sentido, el dialéctico utiliza paradigmas no sólo para enseñar y guiar a otros, sino también para guiar su propio descubrimiento (cf. Ionescu, 2016, p. 94). En efecto, la primera división fue realizada bajo la guía del paradigma implícitamente adoptado del pastor, el cual resultó insatisfactorio porque el político permaneció indistinguible de los otros que también cuidan y nutren al rebaño humano. La segunda división, en cambio, se llevó a cabo bajo el paradigma explícito del arte de tejer, el cual permitió no sólo reconfigurar la búsqueda dialéctica del político sino también encontrar su definición (cf. Ionescu, 2016, pp. 89 y 91).

4. Conclusión

En el presente trabajo nos hemos ocupado del uso del arte de medir y la justa medida en el Político. Ciertamente, como dijimos, la caracterización del arte de medir y la justa medida tienen su lugar en el diálogo (cf. Plt. 283b1-287b3), pero su uso parece haber estado implícito desde el comienzo del discurso del Extranjero.

En primer lugar, hemos citado varios pasajes del Político en los que se puede observar que el arte de medir es utilizado para la propia composición del discurso del Extranjero. En efecto, en tales pasajes se puede observar cómo el Extranjero tiene consciencia de la extensión de su discurso y en función de ello determina los pasos a seguir, es decir, si es conveniente “dar marcha atrás” o “seguir adelante”. Destacamos en algunos casos el uso del adverbio de tiempo νῦν como una marca textual que da cuenta de esos momentos oportunos o circunstancias precisas para realizar determinada acción.

En segundo lugar, el arte de medir es utilizado para determinar el ritmo correcto de las divisiones. De lo contrario, tanto si nos apresuramos como si nos demoramos, tendremos resultados igualmente inoportunos, tal como le sucedió al Joven Sócrates cuando dividió, apresuradamente, el arte de criar rebaños en crianza de hombres y crianza de bestias (cf. Plt. 262a3-4).

En tercer lugar, el uso del arte de medir es utilizado para elegir los métodos explicación (división dicotómica, mito y paradigma) más adecuados para alcanzar la definición del político. Téngase presente, por ejemplo, el caso del recurso al mito. Desde el punto de vista de la construcción del discurso del propio Extranjero, este recurso fue necesario para poder continuar con el argumento y éste no se eche a perder (cf. Plt. 268d2-3), para dar marcha atrás y tomar otro punto de partida (cf. Plt. 268d5-6), para descansar después del largo ejercicio inicial de división y para brindar algo que se ajuste mejor a la naturaleza del Joven Sócrates que todavía no está tan lejos de los juegos infantiles (cf. Plt. 268e4-6).

Para finalizar, entonces, todos estos elementos mencionados dan cuenta de que el Extranjero se ajusta siempre a la situación y en este sentido, en la elaboración de su propio discurso, está teniendo en cuenta un justo medio, es decir, se está ateniendo a lo que es conveniente, oportuno o debido en cada ocasión para poder avanzar en la investigación planteada en el Político.

Referencias

Burnet, J. (Ed.). (1903). Platonis Opera. Oxford University Press.

Gill, M. L. (2006). Models in Plato’s Sophist and Statesman. The Journal of the International Plato Society, 6, 1-16.

Guthrie, W. K. C. (1992 [1978]). Historia de la filosofía griega V. Platón: Segunda época y La Academia. Gredos.

Ionescu, C. (2016). Due Measure and The Dialectical Method in Plato’s Statesman. Journal of Philosophical Research, 41, 77-104.

Lafrance, Y. (1995). Métrétique, mathématiques et dialectique en Politique 283 c-285 c. En C. Rowe (Ed.), Reading the Statesman. Proceedings of the III Symposium Platonicum (pp. 89-101). Academia Verlag.

Marcos de Pinotti, G. (1995). Autour de la distinction entre εἶδος et μέρος dans le Politique de Platon (262a5-263e1). En C. Rowe (Ed.), Reading the Statesman. Proceedings of the III Symposium Platonicum (pp. 155-161). Academia Verlag.

Mié, F. (2020). Notas sobre la división inicial del Político (259d7-268d4). En V. Suñol y M. Berrón (Comps.), Educación, Arte y Política en la Filosofía Antigua: Actas del IV Simposio Nacional de la AAFA (pp. 343-352). Asociación Argentina de Filosofía Antigua.

Santa Cruz, M. I. (trad.). (1988). Platón. Diálogos V. Político. Gredos.

Santa Cruz, M. I. (1995). Méthodes d’explication et la juste mesure dans le Politique. En C. Rowe (Ed.), Reading the Statesman. Proceedings of the III Symposium Platonicum (pp. 190-199). Academia Verlag.

Santa Cruz, M. I. (2009). La justa medida: entre Político y Filebo. Signos Filosóficos, XI(22), 75-100.

Notas

1 Haremos referencia a las obras de Platón según el estándar del LSJ.
2 Los textos citados cuyo original es en lengua extranjera son traducidos al castellano bajo mi responsabilidad.
3 Según Lafrance (1995, p. 99), la metrética del Político es de naturaleza estética y moral y se distingue de la del Filebo que es de naturaleza ontológica.
4 Cf. Fedro 265e, donde se insta a dividir siguiendo las articulaciones naturales, o sea las junturas reales, sin destrozar la pieza como haría un mal carnicero.
5 Como indica Santa Cruz (1988, pp. 487-478; 1995, p. 191), el texto del Político puede dividirse, de una manera general, en cinco partes: I. El uso del método de división dicotómica para llegar a la definición preliminar del político como pastor del rebaño humano (257a-268d). II. Mito sobre la reversión periódica del universo y corrección de la definición inicial del político (268d-277a). III. Definición del paradigma y de arte de tejer, tomado como paradigma del arte político (277a-283c). IV. Caracterización del arte de medir y de la justa medida (283c-287b). V. Distinción de los estamentos de la sociedad y de los diferentes regímenes de gobierno, para llegar a la definición final del político como tejedor real (287b-311c).
6 Para la exposición del mito nos hemos guiado con los trabajos de Guthrie (1992, pp. 195-197) y Ionescu (2016, pp. 95-96).
7 La primera fue en Plt. 267c4
8 El tema de la felicidad es introducido en una parte del diálogo cuando el Extranjero le pregunta al Joven Sócrates si los seres humanos en la Edad de Cronos serían más felices que en la época en la que nosotros vivimos, esto es, la Edad de Zeus (Plt. 272b-c).



Recepción: 4 marzo 2025

Aprobación: 19 mayo 2025

Publicación: 1 febrero 2026



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