SYN Synthesis, vol. 33, núm. 1, e176, febrero - julio 2026 ISSN 1851-779X
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET)
Centro de Estudios Helénicos (CEH)

Reseñas

Werther Gonzáles León (Ed.). Filosofía helenística. Tras los vestigios de la naturaleza. Universidad Central del Ecuador – Filosófica Editorial (Colección Filosófica Actual), 2024; 423 pp., ISBN: 978-9942-7308-0-0

Pedro Emilio Rivera Díaz
Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México
Cita sugerida: Rivera Díaz, P. E. (2026). [Revisión del libro Filosofía helenística. Tras los vestigios de la naturaleza por W. Gonzáles León] . Synthesis, 33(1), e176. https://doi.org/10.24215/1851779Xe176

El volumen está dedicado a la naturaleza (φύσις/phýsis), un tema que en la antigüedad suscitó las primeras reflexiones sobre el mundo y promovió el surgimiento de la filosofía mediante las diferentes formulaciones sobre el origen y principio (ἀρχή/arché) de todas las cosas (τῶν πάντων/tôn pánton).

Así, esa noción que delimita todo el libro es analizada en una época determinada, la helenística, momento en que diversas filosofías, al reconfigurarse el mundo griego tras las conquistas de Alejandro Magno, tuvieron importantes desarrollos, difundiendo cada una sus doctrinas y formas de contemplar la existencia y proponiendo vías de alcanzar la felicidad, promover el bien y convivir en sociedad. Con todo, no faltaron pensadores que descartaron el tema de la naturaleza, sobre todo los aspectos relativos a la divinidad y sus manifestaciones, por considerar que ese ámbito se hallaba fuera del entendimiento humano; precisamente el estoico Aristón de Quíos negaba por completo la utilidad de la física porque, al ser un área imposible de descifrar, no contribuía a la rectificación del modo de vida (SVF 1, 352). Aun así, el cinismo, el estoicismo, el escepticismo, el epicureísmo y el neoplatonismo generaron ideas muy interesantes que demuestran su manera de aplicar sus perspectivas epistemológicas y éticas respecto de la noción de naturaleza, puesto que observaron un vínculo indisoluble entre ella y el ser humano, al ser este último un habitante y parte de aquella; pero la cuestión específica que todas estas escuelas buscaron responder, en ocasiones enfrentándose entre sí, era el funcionamiento y las condiciones de ese vínculo, así como la importancia de que el ser humano tuviera no solo conocimiento de la naturaleza sino que supiera entender su propósito y vivir en sintonía con ella.

Ahora bien, el reciente libro Filosofía helenística. Tras los vestigios de la naturaleza, editado por Werther Gonzales León –que termina su doctorado en la Universidad Friedrich Schiller de Jena–, es una respuesta colectiva para comprender el papel que la naturaleza, como una conceptualización filosófica diversificada, desempeñó en el pensamiento de cinco corrientes del período helenístico, con el fin de matizar la idea de que para ese entonces el foco de reflexión se había traslado exclusivamente al humano. De esta forma, este proyecto editorial es muestra de que los principales movimientos del helenismo seguían dando importancia a la φύσις (phýsis) por ser el ambiente y el espacio donde el humano manifestaba sus ideales, sus preocupaciones, sus deseos, sus miedos, en fin, todo tipo de expresión.

Así, el volumen está estructurado en cinco secciones que exploran el concepto de naturaleza en sendas escuelas: cinismo, estoicismo, escepticismo, epicureísmo y neoplatonismo. Previos a las secciones temáticas se hallan dos prefacios: un prólogo y una introducción. El primero fue encargado a Jan Kerkman, profesor de la Universidad Albert-Ludwigs de Friburgo, quien, a partir de una anécdota de Nietzsche sobre Pirrón, ensaya su reflexión sobre las acciones que implican el callar y reír como conceptos principales (ἀταραξία/ataraxía y ἀπάθεια/apátheia) que se ubican en las raíces de todas las escuelas helenísticas. Como bien apunta, según una visión común en esta época “las teorías sobre el mundo deben hallar su confirmación en el modo de vida del individuo y solo así satisfacen su sustancia normativa” (p. 16). Cierra con una invitación a profundizar, con los capítulos de este libro, en los cuestionamientos que formularon pensadores de la antigüedad sobre el puesto del hombre en el cosmos. A su vez, la introducción del editor permite no solo entender las estructura del volumen con cada una de sus partes, sino que también ofrece un recuento historiográfico de cómo se ha percibido en los últimos tiempos (del siglo XIX hasta la actualidad) el tratamiento de la naturaleza por la filosofía helenística, ya que dicha cuestión es “compleja y dispar” (p. 28) en tanto que cada escuela perseguía objetivos diversos en el estudio de la naturaleza y bajo distintos enfoques (éticos, estéticos, metafísicos, etc.), si bien una vida buena y feliz era en esencia una búsqueda anhelada por todos. El editor, asimismo, señala la importancia de visibilizar el trabajo realizado en este libro por una comunidad filosófica iberoamericana, lo cual supone además una reivindicación de los países de habla hispana en el debate internacional de la filosofía griega antigua.

En cuanto a los contenidos específicos, me limitaré a detallar en unas cuantas líneas las ideas básicas de cada sección y capítulo.

La primera sección, dedicada al cinismo, El perro y las dádivas de la naturaleza, contiene tres capítulos. El primero de ellos (pp. 41-67), “Verdad y pobreza de Sócrates a Diógenes, el cínico”, de Étienne Helmer, explora cómo Sócrates y Diógenes conciben la pobreza como un medio filosófico; mientras Sócrates la asume como consecuencia de su práctica, Diógenes la eleva como una condición positiva para alcanzar la autosuficiencia y la libertad de palabra. El segundo (pp. 69-100), “Algunas consideraciones estéticas sobre cinismo”, de Jorge Lorca Leiva, analiza el cinismo desde una perspectiva estética, mostrando cómo la vida y acciones de Diógenes confrontan el idealismo platónico, y reivindicando una reconciliación con lo material y animal en el ser humano. El tercero (pp. 101-129), “Libertad de palabra y contracultura cínica”, de Víctor Hugo Vásquez Gómez, examina la conexión entre la libertad de expresión (παρρησία/parrhesía) y la actitud provocadora de Diógenes, señalando su relevancia en contextos de contracultura y crítica social.

La segunda sección, consagrada al estoicismo, El destino y la concordancia con la naturaleza, presenta dos capítulos vinculados temáticamente. El primero (pp. 133-163), “Vivir katà phýsin, la armonía estoica entre la voluntad divina y el êthos humano”, de Genaro Valencia Constantino, aborda desde un enfoque filológico cómo el estoicismo define vivir según la naturaleza en tanto una alineación entre la razón humana, la providencia divina y las leyes cósmicas, resaltando la centralidad de la física estoica en su ética. El segundo (pp. 165-183), “La importancia de la física estoica para la comprensión de la divinidad”, de Óscar Giovanny Flantrmsky Cárdenas, destaca la forma en que la física estoica, al estudiar la naturaleza y su racionalidad divina, fundamenta la ética y muestra una conexión intrínseca entre el orden natural y lo divino.

En la tercera sección, que se ocupa del escepticismo, La acción y los fenómenos de la naturaleza, se ofrecen tres capítulos. El primero (pp. 187-208), “Coherencia y consistencia filosófica del escepticismo vital práctico”, de Ramón Román Alcalá, reflexiona sobre cómo los escépticos utilizan la suspensión del juicio y la adherencia a las apariencias para guiar su acción práctica sin caer en dogmatismos. El segundo (pp. 209-242), “Pirrón, Timón y las voces (¿kamikazes?)”, de María Fernanda Toribio Gutiérrez, aborda las razones que esgrimía Sexto Empírico para rechazar los criterios dogmáticos para la acción, priorizando el sentido común y las leyes sociales como guía práctica. El último (pp. 243-262), “Conocimiento y acción en Sexto Empírico”, de Marisa Divenosa, indaga la razón por la cual el filósofo pirroniano niega la existencia de un bien natural, marcando el relativismo ético opuesto a la teoría y fundamentación de preceptos.

La cuarta sección, dedicada al epicureísmo, El jardín y la investigación sobre la naturaleza, consta de dos capítulos. El primero (pp. 265-290), “La divinización mortal epicúrea como alternativa física, material y terapéutica a la religión astral platónico-aristotélica”, de Ignacio Marcio Cid, se aboca a entender cómo los epicúreos concebían la felicidad como emulación de la serenidad divina, destacando su visión materialista de la naturaleza y su enfoque terapéutico. El segundo (pp. 291-311), “Lo natural y la defensa del placer en perspectiva epicúrea”, de Estiven Valencia Marín, profundiza en los motivos de Epicuro para justificar el placer como criterio fundamental de la acción ética, equilibrando la necesidad natural con la libertad humana.

Finalmente, la quinta sección, destinada al neoplatonismo, El alma y la contemplación de la naturaleza, comprende tres capítulos. El primero (pp. 315-353), “Un intento histórico para articular la trascendencia del primer principio con respecto a la génesis de la naturaleza en Plotino”, de Fernando Gabriel Martin De Blassi, revisa los medios en que Plotino articula la naturaleza como un vestigio del Uno, destacando su papel en la producción y contemplación del mundo físico. El segundo (pp. 355-391), “El orden natural según Plotino y su significado para las religiones”, de Raúl Gutiérrez, relaciona de modo muy interesante la concepción plotiniana del orden natural con la estructura metafísica de religiones monoteístas y orientales. El último (pp. 393-414), “La convergencia de física y teología en la filosofía de la naturaleza de Proclo”, de José Manuel Redondo Ornelas, explora la visión de Proclo sobre la naturaleza como una realidad demiúrgica que conecta lo físico, lo matemático y lo teológico. En conclusión, el estudio del concepto de naturaleza en las principales corrientes filosóficas helenísticas (estoicismo, cinismo, epicureísmo y neoplatonismo) no solo proporciona una comprensión profunda de cómo estos sistemas pensaron el mundo y la vida humana, sino que también ofrece lecciones valiosas para la época actual. Ciertamente, en una época donde el desajuste entre el ser humano y el entorno natural parece crecer, los enfoques de estas escuelas filosóficas sobre la armonía con la naturaleza, la autodeterminación y la comprensión del destino siguen siendo increíblemente pertinentes. La relevancia de tratar estos temas en español es significativa, pues la difusión y el estudio de estas corrientes filosóficas hace posible una reflexión que conecta el pensamiento clásico con las realidades contemporáneas latinoamericanas, especialmente en un momento en el cual el incesante bombardeo de información en las redes modifica las opiniones sobre dichas corrientes y moldea la mente de quienes la consumen. Este enfoque renovado no solo despierta el interés por los textos clásicos, sino que también proporciona un espacio para la reinterpretación de estos cuestionamientos en un contexto actual, donde las preguntas sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza son cada vez más imperativas. En fin, este libro, que además es de acceso abierto y permite la libre difusión del conocimiento, logra una síntesis de ideas filosóficas de cinco escuelas helenísticas y realza la importancia contemporánea de su estudio, posicionando, además, a Ecuador como un centro clave para la reflexión filosófica en América Latina, y mostrando que las múltiples preguntas sobre la naturaleza en relación con el ser humano siguen siendo cruciales en nuestra búsqueda de una vida significativa en el mundo moderno, por muy digital que sea.

Enlace de descarga: https://filosoficaeditorial.fundacionfilosofica.com/producto/filosofia-helenistica/



Recepción: 18 junio 2025

Aprobación: 22 agosto 2025

Publicación: 1 febrero 2026



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